Me llamaste tú. Dos veces. Ahora estoy abajo con el paraguas y el teléfono suena y suena y no coges. Miro tu ventana y la persiana está a medias. Se mueve alguien detrás del cristal. No eres tú. O sí eres tú pero no estás sola. El paraguas no me hace falta, no ha llovido en todo el día, pero lo traje porque dijiste que iba a llover. Siempre te creí esas cosas.